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Mostrando las entradas etiquetadas como Anna White

Alguien más (decadencia)

La primera parte de esta historia la leés acá , y la segunda, acá . Fuimos al Abasto, ese shopping precioso de capital que siempre me gustó. El proceso de salir de mi casa a encontrármelo fue tortuoso. La expectativa por finalmente  salir con él y que "se dé lo que quedó pendiente",  en el camino, se fue convirtiendo en nervios y preguntas y ganitas de darme vuelta y volver a casa corriendo. Tenés que ver. Tenés que sacarte la duda, tenés que probar. Si siempre estuvo todo más que bien con él, por qué no hoy? Bueno pero si funciona, qué hago? Y el verano? Lo sigo viendo? Y con Improbable qué hago? No lo veo más? Me quedo con alguien que ni conozco? Por fin llego. Lo encuentro. Compramos entradas para una función dentro de una hora. Nos sentamos a charlar para matar el tiempo: cosas de la facultad, de nuestros amigos, de la vida en general. Hasta que me atacó el primer pensamiento honestidad brutal de la tarde, ese que no pude ignorar a pesar de que quería, realment...

El primer capítulo

Tuve una semana muy de mierda y, junto con un cambio de look bastante radical que me animé a hacer, decidí postear esto, que es el primero de varios tontos capítulos de lo que me vino pasando hasta ahora. La historia empieza y termina con el mismo encuentro con Anna White. Ella acciona el disparador en cierto punto de la noche, estamos caminando bajo la llovizna en búsqueda de la parada de un colectivo desconocido cuando, esperando una respuesta de no más de dos frases me pregunta por mi vida after-yasabemosquién.   -¿¿¿¡¡QUÉEEEE!!??? Casi en el medio de la calle, es su respuesta a la cagada con Improbable. Fue básicamente la misma respuesta que yo me dí a mí misma cuando caí en la cuenta de que... Improbable?? QUÉEEE??  Aunque desde hacía bastante que sabía que el prefijo le estaba quedando mal. Desde que me empezó a dar vueltas por la cabeza alguien que, a funciones prácticas,  nunca jamás en la historia de mi existencia  hubiera imaginado como otra c...

Bendita asociación

Lo que distingue al ser humano como tal, es, entre muchas otras cualidades, su capacidad de asociación. Cómo olvidarla, si no hay día que no la usemos. Recuerdos, aprendizajes, melodías, esos olores que aparecen para transportarnos, y toneladas de clichés similares. La cara bonita de la asociación. Pero (todos sabían que venía un pero , vamos, es mi blog ) también le salen unos cuantos tiros por la culata a los seres humanos con el temita de la asociación. Y como bien saben, yo soy un ser humano perseguido por la desgracia cotidiana, y hay veces que no puedo más que asociar para el culo. Lisa y llanamente para el culo. ¿Vieron que el conocimiento es para siempre? Bueno, la asociación también. ¿Para qué tanta introducción? Hace un par de semanas empecé a cursar en la UBA para bioquímica, y cómo no, tengo millones de caras que registrar. No soy mala en la tarea, de hecho hay gente que observo porque sé que cursan varias materias conmigo, y más de una vez me he presentado del modo má...

Homónimo/Hoyuelos/lo que quiero ver

Estábame hace unos meses en el agujero llamado autoestima baja ineludible en el que la repentina ausencia de el pibe me había dejado, y me agarró el estúpido ataque (sí, ese que nos ganamos por nuestra inherente condición humana y nuestra bendita capacidad de asociación) de creer que todo pasa por algo.  Creencia sostenida por sus afines y apedreada por sus detractores, entre los que me incluía, hasta que me vi en un lugar tan autolastimoso (esa palabra creo que la acabo de inventar) que decidí agarrarme a la primera esperanza que se me cruzó por el camino: el destino. Acá hago una pausa para que mi yo recuperada de este percance se dé una palmadita en la espalda a sí misma en señal de orgullo.  Por esos días fue que apareció P, y se convirtió en una historia más larga de lo que creí que iba a ser ( la tienen acá ), pero no fue el único en ser malinterpretado por mi penoso subconsciente como una señal de algún mandamás de que mi vida estaba en buen camino. También estuvo...

El irresistible P

Siempre que charlamos largo y tendido con Anna White eventualmente P sale a colación. Y una vez dicho su nombre, es automático. "Ay, qué hermoso que es". Porque esa es la verdad de P: él es el compañero hermoso, perfecto, absolutamente devorable con el que cursé todas y cada una de mis materias del curso de ingreso. Y hay otra cosa sobre P: así de hermoso como se ve... no tiene nada de atractivo. En mi primera clase de química del año me senté al lado de una chica. Charlamos un rato y me intrigó que guardara un asiento con tanto recelo así que le pregunté por qué. Y me respondió que un amigo de ella estaba por llegar. No resonó mucho ese pequeño dato hasta que al final el amigo apareció. Ahí estaba: alto, ojos marrón claro, una sonrisa digna de publicidad de dentifrico y una voz grave y seductora que se presentó a sí misma como "P, hola". Le respondí el saludo y de algún modo terminamos hablando de nuestros horarios. ¡Mis tres materias coincidían con las suyas! ...

Momento minita #3

(dos seguidos, tengo miedo) Todo comenzó con la intro de Twentieth century fox . En realidad empezó con un sorteo de entradas para ir a ver a la Bomba de Tiempo . No, empezó con un pibe que conoció Anna White por ahí y al que se le ocurrió invitarla a salir una noche de sábado. No importa, la cuestión es que, hará dos semanas, Anna se ganó las dos entradas y en un acto solemne me invitó a acompañarla a ver a dicha banda el domingo del finde largo. O sea, ayer. Lo que yo no estaba enterada es que el día anterior ella salió con el chico x. Y créanme cuando les digo que Anna no piensa con el sistema nervioso, piensa con la genitalia. Cuestión que se borró toda la noche y reapareció (toda resacosa por supuesto) a las 10 de la mañana en su casa. La madre de Anna no es de ésas que asumen el síndrome de nido vacío así que prácticamente la encadenó a su cuarto hasta el fin de los días (o del fin de semana), oídos sordos a cualquier tipo de insistencia. Por consiguiente yo me quedé sin aco...

Momento minita #2

"Hiperbólicaaaaa, cómo andás?" Al menos no arrancó con un TU VIDA. Debo admitir que la minita dentro mío empezó a saltar aunque sólo fueran tres palabritas virtuales después de más de un mes desde la última vez que nos vimos. Ese día terminamos bastante dados vuelta (el pibe muy empedado y yo tratando de no dejarme llevar por los efluvios, que cuando me quise dar cuenta lo estaba mirando fijo con una sonrisa que, realmente, no hablaba muy bien del pedazo de dignidad que me queda). Y se repite la historia, volvé a la salida, perdiste todos tus turnos, te volviste a desarmar como una muñequita de trapo porque te está contando de su vida y vos respondés porque... porque respondés, y nada. Pasó de nuevo. No sólo eso sino que me cuenta que se va a unir a la banda de mis amigos, y mi lado groupie se desmorona en un paro cardiorrespiratorio de emoción, mientras ese costado mío que se ocupa de mantener erguida la dignidad putea como una loca, porque hay un acuerdo tácito con mis ami...

Forcejear entre el sopor, el dolor y la compostura

(Continúa el finde de ironías universales) Toco el timbre. Es de noche y no es que me fascina estar parada en la calle cagada de frío, así que toco de nuevo el timbre. El Negro está tocando el piano, lo escucho, escucho la canción que toca siempre, sé que están en el living, pero no me abren. Así que llamo. "Estoy en la puerta, boludo". Dos segundos después mi amigo viene a abrirme la reja. Saludos respectivos y me informa que nos falta esperar a una más. "Pasá, dale". Entro al living para encontrarme al Negro ahí parado, con otro más de los chicos. La ecuación se resuelve solita en mi mente. Ahí está, sentado al piano el hijo de puta, con un pulover que no le ví nunca, mostrándome la nuca mientras se concentra en las teclas y en el sonido embriagador. Se sabe que tengo una debilidad por los pianos . Le toco el hombro y me saluda. No pasa más que eso. Me acomodo temporalmente en el sillón y el Negro se me sienta al lado. Charlamos mientras el pibe cruza dos o tre...

De gentes varias

Mi ex-compañera nunca se presentó el día acordado. Casi casi que iba a ser la historia de nunca acabar: la protagonista, llena de esperanzas, cree que esta vez será diferente y podrán ambas olvidar sus diferencias y fundirse en un abrazo en cámara lenta en las escalinatas de la facultad; la chica nunca llega y nuestra ingenua heroína se maldice a sí misma por esperar siempre lo mejor de las personas y dejar que pisoteen su corazón por milésima vez... Pero no soy tan boluda -ni tan optimista- así que, antes de pasar aunque sea un segundo esperándola en la puerta, bien cagada de frío, le mandé un mensaje para corroborar nuestro encuentro, al que enseguida respondió "llego tarde por x razón, viernes que viene?" y yo me felicité por aprender que la que nace boluda, se muere boluda . Este viernes ya tengo otros planes, pero aún así me hubiera gustado que se concretara. No sé, siempre me gustó escuchar el bla bla de mis ex-compañeras; me divierte, los años me entrenaron en el art...

Anna

Anna White y yo somos amigas por intervalo. Ella es una de esas personas que querés tener cerca; se podría adaptar al estereotipo de la boluda-amada-por-todos pero a su vez tiene un lado hippie y profundo que me hace estimarla mucho más. Hay años que somos amigas, años que no nos hablamos, y este año parece ser por fin la consagración de una amistad que se viene gestando desde hace mucho y por fin encontró ese  lugar en común: a pesar de todas las diferencias, nos pasan las mismas cosas. Pero distintas. Ella, con los pibes, una vez que consiguió lo que quiere , ya se aburrió. Yo, todo lo contrario. Ella cuando consigue un amigo, lo cuida y lo mantiene. Y yo, cuando me aburro de ese amigo, no digo que lo tiro a la basura pero pierdo el interés y ya la cosa perdió la gracia, lo descuido. Ella es de las minas adictas a coger (y con esto mi blog se declaró straight forward en el tema, no voy a disfrazarlo con términos bonitos) y, para mí, coger está entre mis últimas prioridades cu...