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Mostrando las entradas etiquetadas como La chica pesimista

11 cosas que aprendí en la UBA

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Hace un par de días terminé el primer cuatrimestre de mi carrera en la Universidad de Buenos Aires, y debo decir que todas las expectativas que hacía años venía acumulando sobre esta etapa, así, irreales como eran, superinfladas, los sueños desbocados de una piba que odia el secundario, bueno... se cumplieron y con creces. Estoy feliz. Pero sobre todo estoy feliz de tener la abstracción de poder decir estoy satisfecha a pesar de todo lo que sufrí. Porque, posta, se pensaban que no había sufrido? Já. Mi último final se fue con un flamante 8. Incluso de pensarlo me dan ganas de bailar estúpidamente. Prepararlo fue la experiencia más tortuosa de mi existencia. La sensación de hormigueo en todo el cuerpo porque necesitás levantarte de la silla, o la eterna desesperación de sentir el cerebro como un vaso de agua que desborda a medida avanzás en los temas, es un asco. Y me conocen. Yo tengo la ligera tendencia a exagerar. Así que mi semana se puede resumir en esto: Dos días antes...

Momento minita #4

No estoy en las condiciones mentales ni emocionales para escribir en párrafos corridos y coherentes. Me estoy comiendo las uñas como si mi vida dependiese de ello. Está mal. No me importa. Estoy feliz cual nena de 5 años con mis amigos de la facultad. El altavoz racional de mi cabeza me recuerda "no te ilusones" y ¡me chupa un huevo! llegué hasta los 20 años ilusionándome como una estúpida por todo, ¿realmente creés que voy a cambiar ahora? Como siempre, tengo un millón de cuentos a medio parir que no me siento a terminar porque oh, la facultad ha drenado mi vida. Me obsesioné con lavarme los dientes. Ah, también flasheo amor. Viene en el combo de "no te ilusiones, pelotuda". De hecho escribo así porque puedo mezclar las frases y crear esta especie de "elige tu propia aventura" en el laberinto de mi cerebro, que es más un "elige tu propia incoherencia". Buenísimo ¿no? Y obvio que tanta locura tiene que ver con esa función seno eter...

Bendita asociación

Lo que distingue al ser humano como tal, es, entre muchas otras cualidades, su capacidad de asociación. Cómo olvidarla, si no hay día que no la usemos. Recuerdos, aprendizajes, melodías, esos olores que aparecen para transportarnos, y toneladas de clichés similares. La cara bonita de la asociación. Pero (todos sabían que venía un pero , vamos, es mi blog ) también le salen unos cuantos tiros por la culata a los seres humanos con el temita de la asociación. Y como bien saben, yo soy un ser humano perseguido por la desgracia cotidiana, y hay veces que no puedo más que asociar para el culo. Lisa y llanamente para el culo. ¿Vieron que el conocimiento es para siempre? Bueno, la asociación también. ¿Para qué tanta introducción? Hace un par de semanas empecé a cursar en la UBA para bioquímica, y cómo no, tengo millones de caras que registrar. No soy mala en la tarea, de hecho hay gente que observo porque sé que cursan varias materias conmigo, y más de una vez me he presentado del modo má...

Verano (o el post más cursi de toda la historia)

El verano arrancó allá en agosto. Todos los años empieza con esa sensación, que no es un aroma ni una brisa; es un cambio sutil de temperatura que te acaricia la piel, una leve saturación de los colores del mundo. Que da ganas de desabrigarse y de acostarse en el pasto y de besar labios y de sonreír un poco más. Ese año no fue excepción. Al tiempo que empezaba a ser realmente consciente de esa sensación liberadora que siempre me trae un poquito de felicidad, los eventos cósmicos (o azarosos, ya a este punto da igual) se desencadenaron. Allá casi por septiembre fue cuando el pibe  decidió que nos encontremos nuevamente. Y pasó lo que tenía que pasar con nuestra historia, que, por suerte, aún no conoce de puntos finales. A medida despuntó la primavera los días se fueron embelleciendo en todo sentido. La segunda mitad del año pasado fue la mejor época facultativa para mí, podría decir. Cursaba poco. Cada día me despertaba con el sol y el viaje hasta Ciudad era (bondis llenos y ...

La intolerante #7: "esos forros"

Es esa estirpe de gente chota que va evolucionando a lo largo del tiempo, obviamente a la par de la vida de uno que también evoluciona, lamentablemente, porque nos movemos paralelos y eso hace que cada vez sea más engorrosa la presencia ocasional de estos seres del horror, que se encarnan, en la tierna infancia, en el compañerito (o compañerita, mucho peor) de mierda que comienza el estallido para que los otros, más niños del demonio, se rían de vos porque "te gusta leer". Crecen y se convierten en los muy hijos de puta felicitados y hasta alabados cuando aprueban una materia en febrero "con el sudor de su frente" mientras pasaron todo el año rascándose a mil manos y colgándose de otros; como vos, siguen viviendo y vuelven a hacerse presentes en esa mirada despectiva cuando decis que esa música me parece una cagada, como si fueran los putos dueños de la verdad, pero lo peor, lo peor y lo que verdaderamente me da ganas de prepararles con mucho amor una bomba molotov ...

Instantánea #7: La literatura es infinita …

Y el tiempo no.  Cito al novio de mi madre, que me dejó la cabeza dando vueltas después de semejante declaración. Todo comenzó cuando le pregunté por un libro de matemática que creí que él había leído: "uno tiene que elegir, a la larga, lo que quiere leer. Yo ya no leo más ciencia".  Y tocó una fibra sensible dentro de mí: NO QUIERO DEJAR DE LEER NADA. No quiero dejar de saber nada. No quiero recortar nada de mi vida. O en otras palabras, quiero saberlo todo. Uno de esos días reflexivos estaba pensando en la muerte. Nada morboso, no se preocupen, sólo me asaltó el horrible pensamiento de qué pasaría con mi biblioteca cuando muera: ¿cuántos libros quedarán pendientes? No como ahora, que no puedo leer quizás durante el año como querría pero siempre llegarán las vacaciones para salvarme, no. No habrá segunda oportunidad en ese caso, y entonces fue cuando un capricho violento se apoderó de mí: QUIERO LEERLO TODO, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE. Era eso, nad...

Instantánea #6: Salir

Me escucho respirar y me raspa la garganta. Lo que quedó de agua se va por la rejilla de la bañera y me miro los dedos magullados de los pies, medio verdes, por las uñas, medio amarillos, por la piel, medio negros de ser pisados- y eso que me puse tacos, había que esforzarse para pisarme. Definitivamente salir no es lo mío. Y no es que la haya pasado mal ayer, de hecho la pasé bien, pero no dormir sumado a esa música del horror sumado a que soy yeta porque cada vez que salgo, llueve, son suficientes razones para hacerme desear mi cama calentita y mi bello libro de Cormoran Strike que se pone mejor a cada página.  Tampoco es que no disfrute estar con mis amigos bailando (si se puede llamar a eso bailar), sólo que no esa música repetitiva que cita sinónimos de la palabra "orto" a cada rato, no en ese boliche lleno de goteras (créanme, las conozco, acuérdense que cada vez que salgo llueve), no alrededor de todos esos cuerpos transpirados que me embisten sin piedad. Tal ve...

Instantánea #4: descalza

Tengo los pies helados, lo que se volvió costumbre. No, no me molesta, estoy observando un hecho nada más. Sólo me molesta cuando me meto a la ducha y el agua está tan caliente y los pies están tan fríos que el contraste me hace doler. Pero pasa. Como todo. Desde que empezó este año constaté precisamente eso: que lo único constante es el cambio. Cuando se me fueron yendo de las manos ciertas cosas de mi vida que pensaba, no sé si eternas, pero al menos más sólidas, primero tuve bronca. Después tristeza. Después me quise aferrar a esperanzas estúpidas. Después me sentí una estúpida. Y finalmente mandé todo al carajo para quedarme con una sola sensación: el desencanto. El desencanto, para mí, es caer en la cuenta de esto: que vendrán cosas maravillosas, y se irán, y volverán otras, y así hasta el fin de los tiempos o hasta que alguno de mis órganos vitales decida tomarse un descansito que desenchufe al resto del cuerpo. No soy tan pesimista pero tampoco tan optimista. Es esperanzador ...

De gentes varias

Mi ex-compañera nunca se presentó el día acordado. Casi casi que iba a ser la historia de nunca acabar: la protagonista, llena de esperanzas, cree que esta vez será diferente y podrán ambas olvidar sus diferencias y fundirse en un abrazo en cámara lenta en las escalinatas de la facultad; la chica nunca llega y nuestra ingenua heroína se maldice a sí misma por esperar siempre lo mejor de las personas y dejar que pisoteen su corazón por milésima vez... Pero no soy tan boluda -ni tan optimista- así que, antes de pasar aunque sea un segundo esperándola en la puerta, bien cagada de frío, le mandé un mensaje para corroborar nuestro encuentro, al que enseguida respondió "llego tarde por x razón, viernes que viene?" y yo me felicité por aprender que la que nace boluda, se muere boluda . Este viernes ya tengo otros planes, pero aún así me hubiera gustado que se concretara. No sé, siempre me gustó escuchar el bla bla de mis ex-compañeras; me divierte, los años me entrenaron en el art...

Lo más yo que puedo ser

Sí, quise esconderme abajo de la mesa varias veces. Sí. Nunca había ido a una despedida de soltera, y dudo que vuelva a ir hasta que mis amigas empiecen a casarse, lo que probablemente pase en unos 10 años. Porque tenemos todas 18. Y la pregunta es, quién me invitaría a mi a un evento creado para treintañeras sedientas de alcohol y un poco de joda post-púber? Bueno. A ellas les pareció adecuado. Yo ya no sé. Porque es una reunión genial para tener con amigas. Si estuviera con mis amigas la disfrutaría muchísimo, pero al haber llegado ahí como la familiar política de la homenajeada, la situación se volvió heavy. Ya de por sí es heavy tener familia política asumida a los 18, más heavy es conocer sus hábitos sexuales. That's not nice. Releo lo que quise publicar sobre la famosa despedida  y, realmente, no tengo ganas de dar más detalles. Me acuerdo de esa noche, de haber llegado a casa, de haberme sentado donde estoy sentada ahora, así, con el piyama puesto y el maquillaje c...

Anti

No esperaba que mi vida terminara asi. De verdad, no esperaba terminar charlando con mi cuñada por chat un viernes a las 00:26 de la mañana sobre qué nos vamos a poner para la despedida de soltera . Porque es lo que menos hubiera creido de alguien tan pero tan anti como yo. Mi punto débil, mi talón de aquiles, mi kriptonita y demás formas de catalogar lo que peor se me da en la vida: las relaciones sociales. Cuando era más chica creía que estaba desarrollando mi habilidad social porque me sentía extrovertida:| me hablaba con un monton de gente y a esa gente parecía agradarle. Todo resultó ser una ilusion optica creada por la combinacion del boom de facebook y la explosion de mi pubertad. Así que me creí que era una mina "social", hasta que los efectos sedativos del boom se fueron calmando, y yo me encontré en una realidad que no había previsto: no era tan buena rodeándome de gente. Y sigo careciendo de esa virtud. No soy linda. No soy copada. No tengo la sonrisa contagios...