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Mostrando las entradas etiquetadas como Princesa Consigo

Bendita asociación

Lo que distingue al ser humano como tal, es, entre muchas otras cualidades, su capacidad de asociación. Cómo olvidarla, si no hay día que no la usemos. Recuerdos, aprendizajes, melodías, esos olores que aparecen para transportarnos, y toneladas de clichés similares. La cara bonita de la asociación. Pero (todos sabían que venía un pero , vamos, es mi blog ) también le salen unos cuantos tiros por la culata a los seres humanos con el temita de la asociación. Y como bien saben, yo soy un ser humano perseguido por la desgracia cotidiana, y hay veces que no puedo más que asociar para el culo. Lisa y llanamente para el culo. ¿Vieron que el conocimiento es para siempre? Bueno, la asociación también. ¿Para qué tanta introducción? Hace un par de semanas empecé a cursar en la UBA para bioquímica, y cómo no, tengo millones de caras que registrar. No soy mala en la tarea, de hecho hay gente que observo porque sé que cursan varias materias conmigo, y más de una vez me he presentado del modo má...

Forcejear entre el sopor, el dolor y la compostura

(Continúa el finde de ironías universales) Toco el timbre. Es de noche y no es que me fascina estar parada en la calle cagada de frío, así que toco de nuevo el timbre. El Negro está tocando el piano, lo escucho, escucho la canción que toca siempre, sé que están en el living, pero no me abren. Así que llamo. "Estoy en la puerta, boludo". Dos segundos después mi amigo viene a abrirme la reja. Saludos respectivos y me informa que nos falta esperar a una más. "Pasá, dale". Entro al living para encontrarme al Negro ahí parado, con otro más de los chicos. La ecuación se resuelve solita en mi mente. Ahí está, sentado al piano el hijo de puta, con un pulover que no le ví nunca, mostrándome la nuca mientras se concentra en las teclas y en el sonido embriagador. Se sabe que tengo una debilidad por los pianos . Le toco el hombro y me saluda. No pasa más que eso. Me acomodo temporalmente en el sillón y el Negro se me sienta al lado. Charlamos mientras el pibe cruza dos o tre...

Si nos vemos

El tiempo pasa y pasa, inalterable. Llegan situaciones en las que, obligada por tener amigos en común, tengo que verlo. Tengo  que hacerlo. Nos vemos. Nos damos un beso en el cachete (lo que antes era símbolo de ternura, ahora me recuerda mi lugar en su vida, mi triste posición de amiga que no es), nos miramos, nos sonreímos un poco a la fuerza. Nos separamos por un rato, hacemos nuestras vidas con el resto. Yo lo miro siempre que tengo la posibilidad, furtivamente, evaluándolo. Miro la ropa que se puso. La pose del cuerpo. Cómo se ríe con quien sea que esté hablando. Cómo me muestra su perfil izquierdo, con ese diminuto hoyuelo que surge con su sonrisa y a mí tanto me gusta ba . Y yo, impasible, hablando con otra persona, sonriendo, un poco sin sentirlo, un poco de más: me doy cuenta de que sonrío mucho, de que involuntariamente estoy forzando una imagen. Una fachada de que en realidad no estoy pensando en el pibe, en que iría a abrazarlo por atrás, a poner mi nariz en su cuello m...

La intolerante #1

- aAaAaAhhh! La charla con amigo1 sentados en el piso del garage se ve interrumpida por el sonido. Nos miramos. Aparece  Princesa Consigo  por atrás del auto con cara de terror. Ah, de ahí venía el gritito desinflado , pienso. La miramos inquisitivamente. - Había una babosa ASÍ - hace el gesto del tamaño con los dedos- y amigo2 la quería agarrar! - aAaAaAaaaaAaaAAhhhh!!!!!!- pongo mi mejor cara exagerada de asco y la miro, imitando su griterío. Princesa Consigo vuelve a desaparecer por atrás del auto. Sigo gritando una vez que ella se va. Me callo. Me doy vuelta. Miro a amigo1 que se ríe y me dice: -Cómo te quiero, boluda. Y, entre risas, acoto: -No la puedo ver. Porque así de intolerante soy con las pelotudeces de princesa consigo, uno de los personajes que verán pasar por acá y figurar precisamente, valga la redundancia, en los textos de "la intolerante". ... Se lo merecía.