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Mostrando las entradas etiquetadas como Van Gogh

Les revenants

Debido a mi necia decisión de guardar cada papelito que signifique algo para mí, tengo la pieza abarrotada de porquerías. Y de fotos. Una de mis favoritas es esa en la que estoy con todos mis amigos del colegio. Obviamente que, la que antes era la foto que me transmitía cariño, ahora sólo me muestra la cara de ya sabemos quién cuando inconsciente (o conscientemente, cof cof) miro para ese lado. Pero si voy más allá, es una foto en la que, hoy por hoy, hay personas tan dispares que me sorprende la existencia de un momento en el que todos entramos en el mismo marco, en el mismo ojo escrutiñador de mi cámara. De ese rectángulo de papel fotográfico nos separan un par de años y de kilómetros y de historias. Somos una especie de mapa de líneas rojas punteadas con nuestros destinos y un inicio en común. Aunque hace dos años no lo hubiera creído posible, soy una de esas trazas que se separó del tronco común de las otras. El pibe como razón principal, y yo como segundo pretexto: no puedo tene...

De cómo no puedo evitar enamorarme

El único precedente fue uno que llegaba, abría la puerta e inundaba la habitación con su perfume... pero no se compara con esta magnitud. Además, desde el principio no hubo dudas, desde el momento en el que lo registré, veinteañero, sentado al lado de su colega, escuchándola hablar sin emitir palabra con la mirada entornada en señal de respeto. Cuando por fin abrió la boca no hizo más que inflar el esbozo de idea que ya tenía en la cabeza sobre él: la voz grave, los modos, y por sobre todo la sonrisa deslumbrante que acompañó a sus palabras de ánimo y complicidad. A esa altura la idea ya estaba clara en mi cabeza: mierda, qué bueno que está este tipo. Y mientras llegaba a esa conclusión, él se daba vuelta a anotar lo que sería el primero de tantos... ejercicios de matemática. Así es. Tanto como odio ir a las clases, tanto me gusta el profesor. Carajo. La mayoría del tiempo puedo contemplarlo sin quedar en ridículo; su barba morocha, su cuerpo esbelto que se pone sutilmente e...

Matera social

Soy argentina. Y no me gusta el mate. Sépanlo, y no me condenen. En mi casa se toma café, esa es la realidad (tampoco me gustaba el café hasta hace muy poco, esa es otra historia igual).  He pasado los últimos años de mi vida juntándome con amigos y negándome al mate. Y no es asco de la bombilla o esas cosas de minita, sino que duh, mi paladar es muy inocente y lo amargo lo espanta. Hasta que empecé a matear socialmente. Primero fue en la facu, un compañero trajo el termo y me hice la matera profesional y cuando me dio la bebida infernalmente amarga no pude disimular la cara de "mis papilas gustativas corrieron a purgarse".  Pero ahora, y después de insistencia de parte de Van Gogh, soy matera social.  Es verdad que tomo mate, pero no me llamaría a mí misma matera. Soy una... matera social! Salimos con amigos, tomamos mate... y obviamente que el mío es la azucarera con dos cucharaditas de yerba.  Y cerraré contándoles que, después de El finde minita (e...

No entiendo

-Pasa que vos no vivís el presente, no hay que pensar tanto en el futuro.  Van Gogh me hace pensar. Lo que más me gusta de pasar tiempo con él, es eso: que para mí es imprevisible. Que me recuerda que todo lo que pienso es una sola perspectiva, y cuando me habla, me la da vuelta. El otro día terminamos, junto con otra amiga, merendando en un bar, y él me planteó esa idea. Que frene un poco. Y yo nunca había reparado en lo mucho que me refugio en el futuro y en la imaginación para escaparme de la realidad. A él le parece que no me concentro en el ahora, pero (anticipo la redundancia) yo pienso que tengo demasiado presente mi propio presente, y por eso necesito evadirlo. Que este estancamiento me duele todo el tiempo. Con él y mi amiga discutimos lo que es "conectarse con uno mismo" y no, yo no estoy conectada conmigo. Les decía que siento esa conexión cuando escribo, pero últimamente me cuesta horrores sentarme a escribir... Y vuelvo al no entiendo. Evado mi presente porque...

Instantánea #3: Mensajes con Van Gogh

-Hiperbólica, tenés parciales esta semana? Si tenés algún día libre, avisame. -Eh, tengo dentro de dos semanas... ponele que tengo un par de días libres, el jueves, o mañana. -El jueves te parece? Sólo si no tenés que estudiar. -Ehh, sí. Qué vamos a hacer? -Mmm, no sé. Pensaba en unos mates, en algún lago. -Mates? Lago? Bueno, elegí dónde y vamos *carita feliz* 1- No me gusta el mate. 2- Lago???? ( edit:  se corrigió y me dijo que era "lado", lo que yo creía desde el principio) 3- Sí tengo que estudiar. 4- Se supone que tengo que interpretar algo de todo esto? Whaaaaaat daaaa fuqqqq. (Les debo el post de la segunda parte del fin de semana del infierno. Una vez que termine mis infinitos problemas de ácido-base, se los traigo).

Pseudoconfesando

Siempre tuve una cosa por estechico ... y nunca pasó de cosa, porque todo lo que hubiera podido ser (y nótese que usé el tiempo verbal que indica mayor grado de improbabilidad), hubiera tenido que pasar mientras él estaba perdidamente enamorado de una de mis amigas, y yo, bueno, del pibe. Pero desde hace muy poco me permití admitir algo que mi subconsciente anunciaba a gritos: te encanta, pelotuda! admitilo!  Así que acá está mi pseudoconfesión: sí, este chico me encanta. No estoy enamorada de él ni mucho menos, sólo pasa que lo veo y me sale la camionera de adentro, excepto que no sale de adentro porque no la dejo expresarse: somos amigos que se quieren mucho y que se ven muy poco. Just that. Lo gracioso es que todo el tiempo que estuve con el pibe , tuve este mini crush con estechico. Y como definitivamente tengo que dejar de ponerles nombres tan genéricos, a partir de ahora lo llamaremos Van Gogh. Qué pintoresco. No pueden esperar que no sienta cosillas por Van Gogh si, cad...