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Mostrando las entradas etiquetadas como El microcosmos

Al filo

Estamos fluctuando despacio entre las diferentes canciones que nos encantan a los dos. Yo hablo un poco alto. No. No es que hablo alto, es que claramente soy más acelerada que él. Vamos cayendo en la misma sincronía con el avance de la conversación; en realidad es él quien me arrastra a su ritmo inapelable. Estamos sentados, se nos dobla el cuerpo, cada vez nos vemos más de cerca. Me da a mí el control de la música y, de indecisa, termino cambiando de artista 20 veces. Me habla de detalles y yo presto atención, absorta. Que note tal instrumento. Que por qué me gusta tal canción. Yo tan visual y vos tan auditivo, le digo, como siempre . Vamos a hacer una prueba, un experimento -siempre experimentos, vos, no podés abandonarlos, me dice, me río- yo te escucho y vos me mirás. Vamos a invertirnos. Cierro los ojos. Me arrepiento, me olvidé un detalle.  Poné tal canción , le pido, saliéndome del juego. No se niega porque siempre llega un momento en el que volvemos a esa banda que a...

Sopesando

Pro: es increíblemente inteligente. Contra: es un idiota. (como verán, empezamos bien) Pro: podría escucharlo hablar diez horas seguidas. Podemos debatir absolutamente todo, y si no podemos, nos explicamos, nos amoldamos, y terminamos entendiendo. Contra: cuando estamos solos deja de hablar y me dan ganas de asesinarlo. ¡No puedo sacar tema toda la vida, che! Pro: músico. Muy. Buen. Músico. (y ya sabemos mi temita con los músicos) Contra: algo de su aspecto no me cierra. Es un tema de piel.  Pro: no hay nada más genial que escuchar música juntos, que me enseñe de todo lo que sabe, y, sobre todo, ir juntos a recitales. Contra: si no fuera porque no quiero que todo el resto de las personas que nos conocen, a.k.a el pibe y demás nos vean juntos. Pro: me lee en dos segundos, a la perfección, con una mirada desde la otra punta de la habitación es suficiente. Pro: y con esa mirada nos entendemos los dos.  Pro: me lleva exactamente al punt...

El primer capítulo

Tuve una semana muy de mierda y, junto con un cambio de look bastante radical que me animé a hacer, decidí postear esto, que es el primero de varios tontos capítulos de lo que me vino pasando hasta ahora. La historia empieza y termina con el mismo encuentro con Anna White. Ella acciona el disparador en cierto punto de la noche, estamos caminando bajo la llovizna en búsqueda de la parada de un colectivo desconocido cuando, esperando una respuesta de no más de dos frases me pregunta por mi vida after-yasabemosquién.   -¿¿¿¡¡QUÉEEEE!!??? Casi en el medio de la calle, es su respuesta a la cagada con Improbable. Fue básicamente la misma respuesta que yo me dí a mí misma cuando caí en la cuenta de que... Improbable?? QUÉEEE??  Aunque desde hacía bastante que sabía que el prefijo le estaba quedando mal. Desde que me empezó a dar vueltas por la cabeza alguien que, a funciones prácticas,  nunca jamás en la historia de mi existencia  hubiera imaginado como otra c...

Les revenants

Debido a mi necia decisión de guardar cada papelito que signifique algo para mí, tengo la pieza abarrotada de porquerías. Y de fotos. Una de mis favoritas es esa en la que estoy con todos mis amigos del colegio. Obviamente que, la que antes era la foto que me transmitía cariño, ahora sólo me muestra la cara de ya sabemos quién cuando inconsciente (o conscientemente, cof cof) miro para ese lado. Pero si voy más allá, es una foto en la que, hoy por hoy, hay personas tan dispares que me sorprende la existencia de un momento en el que todos entramos en el mismo marco, en el mismo ojo escrutiñador de mi cámara. De ese rectángulo de papel fotográfico nos separan un par de años y de kilómetros y de historias. Somos una especie de mapa de líneas rojas punteadas con nuestros destinos y un inicio en común. Aunque hace dos años no lo hubiera creído posible, soy una de esas trazas que se separó del tronco común de las otras. El pibe como razón principal, y yo como segundo pretexto: no puedo tene...

La intolerante #7: "esos forros"

Es esa estirpe de gente chota que va evolucionando a lo largo del tiempo, obviamente a la par de la vida de uno que también evoluciona, lamentablemente, porque nos movemos paralelos y eso hace que cada vez sea más engorrosa la presencia ocasional de estos seres del horror, que se encarnan, en la tierna infancia, en el compañerito (o compañerita, mucho peor) de mierda que comienza el estallido para que los otros, más niños del demonio, se rían de vos porque "te gusta leer". Crecen y se convierten en los muy hijos de puta felicitados y hasta alabados cuando aprueban una materia en febrero "con el sudor de su frente" mientras pasaron todo el año rascándose a mil manos y colgándose de otros; como vos, siguen viviendo y vuelven a hacerse presentes en esa mirada despectiva cuando decis que esa música me parece una cagada, como si fueran los putos dueños de la verdad, pero lo peor, lo peor y lo que verdaderamente me da ganas de prepararles con mucho amor una bomba molotov ...

Infinito 2014

“Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad” - JC No quiero hacer mucho balance del año. Este textito de apertura y cierre me recuerda demasiado a mis días de secundaria. Donde (paradójicamente) creía que el año siguiente sería diferente  y nada más era un espejo avanzado reflejando el año anterior. Por primera vez no siento necesidad de "balancear nada" porque sé que esta especie de año sigue, aunque cambie el número, ya que el 2014 me trajo la mejor de las libertades: la facultad, que seguirá en el '15. Y sé que un año es mucho más que eso, pero por qué negarlo, la bella UBA cambió mi vida y mi percepción, me cambió por dentro, me despojó de prejuicios y de molestias, me obligó a aceptar el incordio, a vencer esos caprichos que me asaltan (tal vez demasiado seguido) y la lista ...

La intolerante #6: n'importe quoi

Sigo sin tolerar a la gente del bondi. El "reencuentro" que mis ex compañeros están arreglando. El frosting para cupcakes que consiste en manteca y azúcar impalpable y creo que si veo un gramo más de esa mierda me internan por hiperglucemia. La "tierna" idea de hacer cupcakes para mi cumpleaños, que tomaron un día de hornear y un día de decorar. Los parciales del pibe que me impiden verlo. Sigo sin tolerar a la gente hija de puta del colectivo. La maldita madame examinadora del exámen de francés que no me tiraba una puta ayuda mientras yo llenaba el incómodo silencio con "eeeh..."s y "aaah..."s. El cbc (AH NO PARÁ, ES VERDAD QUE TERMINÉ EL CBC) así que tachalo de la lista. Que me ardan los ojos. Tengo miedo. Una conocida que también estudia en la facultad de farmacia me confesó que su astigmatismo (o miopía o estrabismo, nunca sé) aumentó dos puntos cada ojo desde que está en la UBA. Realmente, temo. Que ya haya pasado mi cumpl...

Forcejear entre el sopor, el dolor y la compostura

(Continúa el finde de ironías universales) Toco el timbre. Es de noche y no es que me fascina estar parada en la calle cagada de frío, así que toco de nuevo el timbre. El Negro está tocando el piano, lo escucho, escucho la canción que toca siempre, sé que están en el living, pero no me abren. Así que llamo. "Estoy en la puerta, boludo". Dos segundos después mi amigo viene a abrirme la reja. Saludos respectivos y me informa que nos falta esperar a una más. "Pasá, dale". Entro al living para encontrarme al Negro ahí parado, con otro más de los chicos. La ecuación se resuelve solita en mi mente. Ahí está, sentado al piano el hijo de puta, con un pulover que no le ví nunca, mostrándome la nuca mientras se concentra en las teclas y en el sonido embriagador. Se sabe que tengo una debilidad por los pianos . Le toco el hombro y me saluda. No pasa más que eso. Me acomodo temporalmente en el sillón y el Negro se me sienta al lado. Charlamos mientras el pibe cruza dos o tre...