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Mostrando las entradas etiquetadas como Welcome to the pozo depresivo

Necesito escribir

Venía bien. Venía bárbaro en realidad. Me había propuesto empezar de nuevo, a principio de agosto, porque viste, los principios aunque sean ficticios como los números del calendario son un momento ideal para darte fuerzas, aparentemente, para proponerte y concretarte y hacer. Me había encaminado.  Empecé encaminada, de hecho, hasta que octubre se me vino a pique. Hoy me vine a pique.  Porque me consumió. En la vida hubiera creído que iba a tener que sentarme, con el té bien al alcance de mi mano derecha, abrigada -en octubre- y desganada para decirles que me olvidé de mí, que la facultad me consumió la vida, que me aburrí de ser yo y que quiero meterme en una maceta y salir recién en Navidad.  Nunca en la vida, claro, porque no soy tan estúpida de creerme que una institución haga las veces de dementor o psiquiátrico, vamos, todavía entiendo los límites entre lo ficticio y lo real. Porque no me hace falta una pala y menos una excavadora, sólo tengo que raspar un p...

Volver

Qué se hace cuando dejaste algo por meses? Y ese algo te lo recrimina, te mira de reojo y con una mueca de ligero desprecio. No sé cómo se hace para superar la incomodidad de la vuelta, de esos pequeños detalles que no recuerdo pero sé que conozco, o que conocía, pero que abandoné. Volver es un paso, pero no sé si me fui para siempre, si ahora yo soy esto que me falta, esto que dejé. Me dejé a mí en algún punto del camino, dejé mis hábitos de escritora colgados en un perchero cuya ubicación me olvidé, dejé las ganas desperdigadas abajo del sueño y la voluntad directamente la perdí, se me escapó corriendo. Cómo hago para retomar el hilo? No sé, al menos estoy feliz de estar empezando, aunque no alcance para tapar ese hedor a fracaso que sale de mí, o que imagino o que me inventé. Cómo se hace para hilar una idea? Para concretar un encuentro, para contar una historia. Historias hay miles, tópicos hay menos, bueno, está bien, son pocos, sino uno o dos. The perks of being encerrada y con...

Al filo

Estamos fluctuando despacio entre las diferentes canciones que nos encantan a los dos. Yo hablo un poco alto. No. No es que hablo alto, es que claramente soy más acelerada que él. Vamos cayendo en la misma sincronía con el avance de la conversación; en realidad es él quien me arrastra a su ritmo inapelable. Estamos sentados, se nos dobla el cuerpo, cada vez nos vemos más de cerca. Me da a mí el control de la música y, de indecisa, termino cambiando de artista 20 veces. Me habla de detalles y yo presto atención, absorta. Que note tal instrumento. Que por qué me gusta tal canción. Yo tan visual y vos tan auditivo, le digo, como siempre . Vamos a hacer una prueba, un experimento -siempre experimentos, vos, no podés abandonarlos, me dice, me río- yo te escucho y vos me mirás. Vamos a invertirnos. Cierro los ojos. Me arrepiento, me olvidé un detalle.  Poné tal canción , le pido, saliéndome del juego. No se niega porque siempre llega un momento en el que volvemos a esa banda que a...

Momento minita #4

No estoy en las condiciones mentales ni emocionales para escribir en párrafos corridos y coherentes. Me estoy comiendo las uñas como si mi vida dependiese de ello. Está mal. No me importa. Estoy feliz cual nena de 5 años con mis amigos de la facultad. El altavoz racional de mi cabeza me recuerda "no te ilusones" y ¡me chupa un huevo! llegué hasta los 20 años ilusionándome como una estúpida por todo, ¿realmente creés que voy a cambiar ahora? Como siempre, tengo un millón de cuentos a medio parir que no me siento a terminar porque oh, la facultad ha drenado mi vida. Me obsesioné con lavarme los dientes. Ah, también flasheo amor. Viene en el combo de "no te ilusiones, pelotuda". De hecho escribo así porque puedo mezclar las frases y crear esta especie de "elige tu propia aventura" en el laberinto de mi cerebro, que es más un "elige tu propia incoherencia". Buenísimo ¿no? Y obvio que tanta locura tiene que ver con esa función seno eter...

"No hagan olas"

Decían los personajes de un cuento de Elsa Bornemann que leí hace más de diez años por última vez. Hoy me acuerdo y lo vuelvo a tomar: "Cantaban. sí, cantaban sumergidos -hasta el borde de los labios- en una densa materia oscura. Fétida. Repulsiva. Dentro de una piscina sin límites, cantaban. Inmóviles, reiterando ese "no hagan olas", a manera de alerta. ¿Alerta? Trataban de que la marea de heces dentro de la cual estaban parados hasta el chau de los tiempos se mantuviera en reposo. Porque al menor movimiento -¡zápate!- se formaban ondas que hacían que... la... este... el, digamos... detritus biológico... superara el nivel de sus bocas. " No hagan olas, no hagas olas, repito hasta el hastío. Porque estoy hasta las comisuras. No me doy a mí misma ni un segundo de paz. Y no dejan de venir las olas, de todas partes. No es sólo lo que ya sabemos, lo que hace más de un mes me está pasando, no sólo es la ausencia , también son otras presencias, otros quilombos,...

Desenlaces

La barrita negra aparece y desaparece. Tengo el té adelante y es finalmente el momento de abrir, descomprimir, soltarme. Medité dónde iba a escribir todo esto y concluí que estoy en el mejor lugar. Aunque cualquiera hubiese dado lo mismo.  Porque si tengo que, de algún modo, encasillar lo que me pasa, me encuentro a mí misma pensando sin limitaciones en un millón de asuntos diferentes, en mí, en él, en nosotros, el tiempo la vida y más conceptos de ese estilo (en qué piensa uno cuando piensa en alguien que ama?) y se siente como no pensar en nada. Es una desnudez... por un lado insoportable y por otro, casi normal. Tengo la sensación de que no hay nada, de que no soy nada. Y poco tiene que ver con que con él era algo... con él fui algo hace tanto tiempo ya. Nadie debería llegar a este punto siendo tan joven. Nadie debería ver cómo la más tierna construcción que se puede engendrar en base a sentimientos compartidos, termina erosionada hasta los cimientos por la llana y simple a...

Instantánea #9: Ya veremos

Después de todo este tiempo, de todo  esto que nos pasó juntos, el pibe y yo decidimos que no daba para más. Lo escribo acá, porque es otro nuevo punto de partida, otro final-comienzo esta vez irremediable que tengo que afrontar, absolutamente dolorida y aterrada. Lo escribo porque por fin estoy siendo sincera al respecto, sincera con ustedes y, por sobre todo, conmigo. Porque no puedo negar que esto iba a llegar y lo tapé en mi cabeza con todos los mecanismos posibles. El lado bueno de esa negación es que el día que decidimos separarnos fue cuatro días antes de uno de mis primeros parciales de la carrera. De los parciales grosos, de esos que caen los tres la misma semana y te drenan la vida completamente. A pesar del agujero negro que tengo en la cabeza me dije que no me iba a dejar vencer por una "simple emoción" (sí... esas excusas me pongo a mí misma) y decidí que esto no me iba a arruinar la vida facultativa. De modo que aún no tengo claro si estoy escondiendo un masaco...

Homónimo/Hoyuelos/lo que quiero ver

Estábame hace unos meses en el agujero llamado autoestima baja ineludible en el que la repentina ausencia de el pibe me había dejado, y me agarró el estúpido ataque (sí, ese que nos ganamos por nuestra inherente condición humana y nuestra bendita capacidad de asociación) de creer que todo pasa por algo.  Creencia sostenida por sus afines y apedreada por sus detractores, entre los que me incluía, hasta que me vi en un lugar tan autolastimoso (esa palabra creo que la acabo de inventar) que decidí agarrarme a la primera esperanza que se me cruzó por el camino: el destino. Acá hago una pausa para que mi yo recuperada de este percance se dé una palmadita en la espalda a sí misma en señal de orgullo.  Por esos días fue que apareció P, y se convirtió en una historia más larga de lo que creí que iba a ser ( la tienen acá ), pero no fue el único en ser malinterpretado por mi penoso subconsciente como una señal de algún mandamás de que mi vida estaba en buen camino. También estuvo...

No entiendo

-Pasa que vos no vivís el presente, no hay que pensar tanto en el futuro.  Van Gogh me hace pensar. Lo que más me gusta de pasar tiempo con él, es eso: que para mí es imprevisible. Que me recuerda que todo lo que pienso es una sola perspectiva, y cuando me habla, me la da vuelta. El otro día terminamos, junto con otra amiga, merendando en un bar, y él me planteó esa idea. Que frene un poco. Y yo nunca había reparado en lo mucho que me refugio en el futuro y en la imaginación para escaparme de la realidad. A él le parece que no me concentro en el ahora, pero (anticipo la redundancia) yo pienso que tengo demasiado presente mi propio presente, y por eso necesito evadirlo. Que este estancamiento me duele todo el tiempo. Con él y mi amiga discutimos lo que es "conectarse con uno mismo" y no, yo no estoy conectada conmigo. Les decía que siento esa conexión cuando escribo, pero últimamente me cuesta horrores sentarme a escribir... Y vuelvo al no entiendo. Evado mi presente porque...

Forcejear entre el sopor, el dolor y la compostura

(Continúa el finde de ironías universales) Toco el timbre. Es de noche y no es que me fascina estar parada en la calle cagada de frío, así que toco de nuevo el timbre. El Negro está tocando el piano, lo escucho, escucho la canción que toca siempre, sé que están en el living, pero no me abren. Así que llamo. "Estoy en la puerta, boludo". Dos segundos después mi amigo viene a abrirme la reja. Saludos respectivos y me informa que nos falta esperar a una más. "Pasá, dale". Entro al living para encontrarme al Negro ahí parado, con otro más de los chicos. La ecuación se resuelve solita en mi mente. Ahí está, sentado al piano el hijo de puta, con un pulover que no le ví nunca, mostrándome la nuca mientras se concentra en las teclas y en el sonido embriagador. Se sabe que tengo una debilidad por los pianos . Le toco el hombro y me saluda. No pasa más que eso. Me acomodo temporalmente en el sillón y el Negro se me sienta al lado. Charlamos mientras el pibe cruza dos o tre...

Naipes

Toma tiempo construir la casita, mantenerla erguida mientras tus dedos bastante torpes tratan de seguir apilando cartas en forma de toldo, unas sobre otras. La fábula consiste, como siempre, en que viene el viento y la tira abajo.  Y él es el viento. Vos sos el viento. Sé que te prometí que no te iba a hablar más así, pero, para qué fingir, si te hablo en mi cabeza todo el tiempo. Si te veo cerca todo el tiempo.  Sé que también te relacioné mecánicamente con el "no verte más". Sé que lo hacés con tus mejores intenciones, esto de invitarme a que me junte con vos y con mis amigos y con tus nuevas amiguitas de la facultad . Pero tenés que saber que tus buenas intenciones no son nada. Que no me hacés bien incluyéndome en tu vida. Y que tampoco nunca te voy a perdonar que te hayas llevado todo. Porque te llevaste todo y lo sabés: te llevaste nuestra relación, te llevaste los amigos, te llevaste los lugares y los recuerdos, que no puedo volver a pisar o tocar porque termin...

Lo que me inmoviliza

Racional. Yo quiero ser racional y se escapa de mi competencia algo tan utópico. La primera razón que se me viene a la cabeza por la que no puedo alcanzar esa meta, es precisamente que cuando hay amor de por medio, mi mente no funciona del todo bien. Que quiero desesperadamente ser amada, porque me vuelve loca la falta de amor. No voy a hablar más sobre él, pero claro que esto lo incluye. Mi miedo recurrente a la soledad me persigue. El miedo a no encontrar a la persona correcta. No un amor, no un novio que atienda mis millones de caprichos, sino alguien con quien pueda sentir amor de forma recíproca. Eso me da miedo, vivir encerrada en relaciones desiguales, porque me desaniman, me terminan lastimando. Con mis amigos no siento un ida y vuelta completo , con el pibe había dejado de sentirlo hace rato. Pero en la cabeza su presencia incompleta al menos me curaba de la soledad. Sé que no estoy del todo sola, pero esta sensación contundente cada vez se arraiga más en mí. No es la sol...

Mentirosa

Es interesante ese momento en el que te das cuenta de que te mentiste a vos misma todo este tiempo. Deberías autofelicitarte por mentir tan bien pero no sólo sos la pecadora sino la víctima. Y las víctimas odian a sus victimarios. Hola, odio propio. Volviste, che.  Desde un primer momento barajé "outsider" como un posible alias para mi blog. Es una palabra que no tiene traducción al castellano y quiere decir "el que es de afuera". No, no extranjero -de otro país- ni desplazado -dejado afuera-, sino la persona que pertenece al afuera. Y si despejás la ecuación, no pertenecés al "adentro". En resumen, sos un satélite social, o una especie de reo de las relaciones humanas.  Hay gente a la que le re copa ser satélites sociales y caer donde les pinte cuando les pinte, pero esos suelen ser especímenes super raros que nunca llegan a arraigar del todo en ningún lado pero son tan "lindos y especiales" que todo el mundo los quiere cerca. No necesitan...

Mojado, llovido, duchado, empapado

Mi clase de francés nº2. Es en CABA. Es lejos de mi casa. Es turno noche. Digo, bueno, voy, me distraigo. Me encanta el fucking francés. Bondi de vuelta, saco el teléfono para responder mensajes a unos amigos, toda gente volviendo de laburar, lleno de gente además, gente con sus teléfonos. No va que un negro muy porongo, cuando se abre la puerta de atrás, se trepa, me saca mi celular, y se va corriendo, todo en tres segundos. No quiero reproches. No quise desde el principio, cuando me largué a llorar en la parada del siguiente colectivo a casa, prácticamente aterrada por las cinco o seis personas a mi alrededor, abrazando la mochila con los libros. No quiero reproches de que "saqué el teléfono" porque me los hago a mí misma ya, y porque es el mismo mecanismo que " te violaron porque te vestiste puta, es tu culpa". No quería guardarlo, estaba hablando con un par de amigos, estaba triste, necesitaba distraerme con música. Y ahí la ley de Murphy: si algo puede sali...

Tres años y medio

"No voy a llorar. NO VOY A LLORAR".  Me lo repito en voz alta. Es que hace 5 días que estoy sin mi novio, mi mejor amigo, mi sostén en mil aspectos, lo que yo había creído era mi compañero de vida. No, nunca pensé que fuese "el amor de mi vida" ni nada por el estilo, pero tampoco pensé que la separación iba a ser ahora, YA. Nunca lo vi venir, y acá estoy. Él se quiso separar de mí. Yo tenía esa sensación de que nada era lo mismo (tres años fueron, tres y medio en realidad), pero traté de mejorar las cosas, y al mismo tiempo me oculté a mí misma que cortar era inminente. No quiero escribir mucho al respecto porque estoy destruída, sobre todo después de hablar con él ayer y que me diga que "me gustaría decir que me siento igual, pero no me siento así", y llorar. A la noche. En mi cama. Como una canilla abierta.  Es decir, no quiero llorar más. Terminamos todo "en buenos términos". No había otra forma de hacerlo, nunca nos peleamos, nunc...