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Instantánea #7: La literatura es infinita …

Y el tiempo no.  Cito al novio de mi madre, que me dejó la cabeza dando vueltas después de semejante declaración. Todo comenzó cuando le pregunté por un libro de matemática que creí que él había leído: "uno tiene que elegir, a la larga, lo que quiere leer. Yo ya no leo más ciencia".  Y tocó una fibra sensible dentro de mí: NO QUIERO DEJAR DE LEER NADA. No quiero dejar de saber nada. No quiero recortar nada de mi vida. O en otras palabras, quiero saberlo todo. Uno de esos días reflexivos estaba pensando en la muerte. Nada morboso, no se preocupen, sólo me asaltó el horrible pensamiento de qué pasaría con mi biblioteca cuando muera: ¿cuántos libros quedarán pendientes? No como ahora, que no puedo leer quizás durante el año como querría pero siempre llegarán las vacaciones para salvarme, no. No habrá segunda oportunidad en ese caso, y entonces fue cuando un capricho violento se apoderó de mí: QUIERO LEERLO TODO, ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE. Era eso, nad...

Vacaciones desenterradas

Hoy me pasó algo curioso. Volvía de comprar una cosa, y veo en la puerta de mi edificio, el de acá en la costa, a dos flacos sentados en los escalones de entrada. Uno me mira fijo. Yo venía embalada y en dos segundos crucé la puerta y cerré, y en eso lo veo, a través del vidrio, que se da vuelta a mirarme. Volvemos a hacer contacto visual, pero no fue suficiente. Me di vuelta y seguí mi camino. Cerré la puerta del ascensor y me cayó todo en la cabeza, como si se hubiera desbloqueado un capítulo difuso de mi vida y ahora estuviera en todas partes. Era Imanol. Recuerdo su nombre perfectamente porque era rarísimo y me llamaba mucho la atención, a pesar de que era tan chica cuando lo conocí. Por esas épocas tendría 8 años y él unos doce, ambos veraneábamos en ese mismo edificio, y el panorama era muy diferente al de hoy, en el que no tengo conocidos en esta playa (y los que tengo, me caen muy pero muy mal). Los recuerdos de los veranos siguientes opacarían a esas vacaciones geniale...

Laboratorio social

Yo venía estudiando francés con una profe particular hacía años, pero el método no me resultaba. Entonces decidí inscribirme a una cultural que me queda en la otra punta del mundo pero es, teóricamente, la mejor en toda la ciudad. Fui esperando nivel, pero me encontré, además, con otra cosa que me atrajo desde el principio: mucha gente, muy diferente a lo que estoy acostumbrada, encerrada por tres horas en el mismo cuarto, sacando a la luz su personalidad. Y como ya estaba acostumbrada a hacerlo en el colegio, lo hice también con ellos: los estudié a fondo, los personajes que cada uno constituye, y resulta que me encontré con una mina de oro. Ellos son estereotipos de los que sólo había escuchado hablar, pero tuve la oportunidad de verlos en su hábitat natural. Así es como desarrollé el "laboratorio social", y aquí les presento mis conclusiones. Muy darwiniano todo.  Mis compañeros de francés son... Maxi: Cuarentón que se aferra desesperadamente a sus treintimuchos, po...

El top 5 infaltable de las fiestas

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- Vitel toné: A veces pienso que debería aprender a hacerlo, y después se me ocurre que, de tener la chance de cocinar este plato, hijo bastardo entre la ambrosía y el elixir de la vida, moriré de sobrepeso acelerado y fatal. "Todos los excesos son malos". Mejor aprovecharlo en las fiestas y disfrutarlo como si fuera mi última cena.  - Las navidades burguesas de mi familia paterna: Las pasamos en una casa quinta, con todos mis primos y todos esos familiares lejanos autoproclamados aristócratas que como no saben cocinar un huevo frito, traen comida de catering que siempre abunda en salmón y roquefort y hace de esas fiestas una cosa más a la que echarle la culpa cuando te diagnostiquen hipertensión. Además, los familiares lejanos traen a sus hijos que están re buenos. Un festín para todos los sentidos. - El alma caritativa que me invita a la pileta.  Siempre hay algún generoso dando vueltas que se apiada de mi alma transpirada. A él o ella le digo: GRACIAS,...

Infinito 2014

“Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una caída interminable en la inmovilidad” - JC No quiero hacer mucho balance del año. Este textito de apertura y cierre me recuerda demasiado a mis días de secundaria. Donde (paradójicamente) creía que el año siguiente sería diferente  y nada más era un espejo avanzado reflejando el año anterior. Por primera vez no siento necesidad de "balancear nada" porque sé que esta especie de año sigue, aunque cambie el número, ya que el 2014 me trajo la mejor de las libertades: la facultad, que seguirá en el '15. Y sé que un año es mucho más que eso, pero por qué negarlo, la bella UBA cambió mi vida y mi percepción, me cambió por dentro, me despojó de prejuicios y de molestias, me obligó a aceptar el incordio, a vencer esos caprichos que me asaltan (tal vez demasiado seguido) y la lista ...

Ciudad Universitaria: último día

Más de un mes hace que terminé la facultad, que me despedí de ciudad universitaria, los dos bloques de cemento que fueron mi amor y mi tedio por ocho meses tanto fascinantes como exasperantes como intimidantes. Los pasé, y puedo decir que terminé el ciclo básico común, ese purgatorio al que te somete la UBA para una vez sobrevivirlo pasar a formar parte de sus filas, ese eterno diálogo de "estudio bioquímica, bueno, no... estoy en el cbc", declarándote transeúnte en ese limbo entre la secundaria y la verdadera facultad, esa brecha en la que todos estamos mezclados y homogeneizados. Mis expectativas eran diferentes, esperaba, mínimo, hacerme UN amigo, pero no, no conecté con ninguno de esos seres aleatorios. Tampoco lo sentí como una carga masiva... estudié, tuve unas dos semanas del horror en todo el año, pero no siento que merezca estas vacaciones gigantes que me tocaron. Para alguien tan activa como yo, me siento bastante inútil. Pero no importa: dos mil quince, facultad d...

Homónimo/Hoyuelos/lo que quiero ver

Estábame hace unos meses en el agujero llamado autoestima baja ineludible en el que la repentina ausencia de el pibe me había dejado, y me agarró el estúpido ataque (sí, ese que nos ganamos por nuestra inherente condición humana y nuestra bendita capacidad de asociación) de creer que todo pasa por algo.  Creencia sostenida por sus afines y apedreada por sus detractores, entre los que me incluía, hasta que me vi en un lugar tan autolastimoso (esa palabra creo que la acabo de inventar) que decidí agarrarme a la primera esperanza que se me cruzó por el camino: el destino. Acá hago una pausa para que mi yo recuperada de este percance se dé una palmadita en la espalda a sí misma en señal de orgullo.  Por esos días fue que apareció P, y se convirtió en una historia más larga de lo que creí que iba a ser ( la tienen acá ), pero no fue el único en ser malinterpretado por mi penoso subconsciente como una señal de algún mandamás de que mi vida estaba en buen camino. También estuvo...